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Los fraudes electorales y la fantasía
Uriel Flores Aguayo
En opinión de Uriel

21 May 2025

En opinión de…


Uriel Flores Aguayo


Antes de 1988 no se hablaba propiamente de fraudes electorales pues no había real competencia en las votaciones; dominaba el partido de Estado, primero , y el partido hegemónico, después. En el año 88 se vivió una cerrada elección presidencial entre Cuauhtemoc y Salinas de Gortari, con caída del sistema, boletas en barrancas y cómputos poco confiables. El resultado siempre fue cuestionado. De ahí en adelante , pero más con Zedillo y el concurso de las fuerzas políticas, tuvieron lugar varias reformas electorales con leyes justas, organismos independientes y competencia con reglas parejas. A partir de ahí un ciudadano era un voto , los votos se contaban uno a uno y los resultados eran absolutamente confiables. Todavía queda bastante de esos cambios institucionales y de la organización ciudadana de la jornada electoral.


A partir de lo que se consideró un fraude en las elecciones del 88 quedó una especie de cultura que se ponía ante la disyuntiva de hablar y denunciar por sistema los fraudes o se preparaba para evitarlos en caso de que se intentaran. Esas posturas derivaban en definiciones políticas entre los que todo lo justificaban con el fraude, sobre todo sus derrotas, y quienes evitaban hablar de fraude para no desalentar la participación ciudadana. Si algo queda de esas posiciones, será como caricatura o nostalgia testimonial, y con algo de ignorancia. Lo seguro es que se trata de actitudes desfasadas , mal orientadas y estériles. Sin pruebas, solo con retórica, es un acto desleal con el proceso electoral y la ciudadanía. Sin pruebas es un recurso político muy pobre que revela debilidad y anuncia una derrota. Hasta los simpatizantes de la candidatura que hable de fraudes resultan afectados, pues los confunde y desalienta para votar, es decir, es algo contraproducente.


Ojalá haya sensatez, cordura y sentido común para encausar la campaña por la ruta de las propuestas y los compromisos serios.

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