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Teatro de títeres, lenguaje vivo que brinda presencia: Carlos Converso
La relación directa, irrepetible y profundamente humana entre los personajes y el artista que los manipula aún provoca la misma capacidad de asombro que hace cincuenta años, destacó el académico de la Facultad de Teatro de la UV; Recibió la Medalla Bellas Artes 2026, máximo reconocimiento concedido por el Gobierno de México a profesionales de las artes escénicas

| Xalapa, Ver. | 06 Ago 2026 - 10:41hrs

Carlos Hugo Hermida Rosales

Xalapa, Ver., 06/08/26. A lo largo de 50 años, miles de niños de distintas generaciones han soñado y reído con los personajes de Carlos Converso Prato, catedrático de la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana (UV), y decenas de artistas hallaron en su persona la guía que los llevó a descubrir el teatro de títeres.

Nunca buscó el protagonismo. Mientras sus muñecos ocupaban el escenario, prefería mantenerse fuera de la vista del público, convencido de que la magia pertenece al títere y no al titiritero.

Para honrar medio siglo de trayectoria académica y docente, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) lo galardonó con la Medalla Bellas Artes 2026, máximo reconocimiento concedido por el Gobierno de México a profesionales de las artes escénicas.

Esta es la primera ocasión en que la distinción recae en un titiritero en la disciplina teatral, lo cual brinda visibilidad a una manifestación artística tradicionalmente relegada.

La ceremonia tuvo lugar el martes 28 de julio en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, y estuvo encabezada por la directora general del INBAL, Alejandra de la Paz. También asistieron Luis Mario Moncada, coordinador nacional de Teatro del INBAL; Raquel Bárcena, quien compartió una semblanza sobre la trayectoria del homenajeado; y Berta Hiriart, integrante del jurado que otorgó la Medalla Bellas Artes Teatro 2026.

Orígenes

Al principio, Carlos Converso no deseaba dedicarse a los títeres; como muchos actores noveles de su generación, ansiaba un futuro en los grandes escenarios.

“Estudié actuación y alguna vez aspiré a convertirme en un artista reconocido e incluso llegar a Broadway, aunque la vida me tenía preparada otra función”, mencionó.

Todo cambió cuando conoció a un titiritero ambulante, quien recorría sitios y narraba historias en las cuales las fronteras entre realidad y ficción se difuminaban, y nunca se sabía cuándo terminaba una y comenzaba la otra.

“Este encuentro transformó por completo mi vida profesional; fascinado por esa forma de contar historias, junto con un amigo decidí fabricar mis primeros títeres y presentarme en escuelas”, compartió.

Descubrió que cada figura de madera, espuma o papel contenía un universo artístico que combinaba actuación, escultura, literatura, dirección escénica, música y narrativa.

“El actor que soñaba con adquirir fama en Broadway quedó en el olvido; ahora, los títeres estaban en primer plano, conmigo detrás de ellos”, manifestó.

La decisión de dedicarse a los títeres implicó aprender un oficio que nadie enseñaba en México. En la década de 1970, cuando el profesor inició su carrera, no existían escuelas donde prepararse y quienes deseaban enfocarse en ello se formaban a través de la práctica, la observación de otros artistas y la experimentación con diversos materiales y técnicas.

En aquellos años, Carlos Converso talló madera, modeló papel maché y exploró con materiales que comenzaban a usarse, como espuma y unicel; sin embargo, a su llegada a Xalapa, procedente de la Ciudad de México, se topó con un entorno donde prácticamente no existía el teatro de títeres, había apenas algunos esfuerzos aislados.

Entonces, impartió talleres independientes y formó alumnos que con el paso de los años han fundado compañías profesionales que actualmente son parte del panorama cultural mexicano, y reconocen al docente como uno de sus principales impulsores.

“No me siento desplazado por el éxito de quienes fueron mis pupilos, por el contrario, lo asumo con orgullo, aunque ya existe demasiada competencia”, bromeó entre risas.

El titiritero enfatizó que su intención al enseñar el oficio a nuevas generaciones jamás fue crear seguidores, sino preparar talentos.

Innovación

Carlos Converso es parte de una generación que comenzó la experimentación con nuevos lenguajes escénicos y no se conformó con reproducir las formas tradicionales del teatro de títeres.

“Por décadas, el titiritero permanecía oculto detrás de un retablo y yo opté por sacar al manipulador al escenario y convertirlo en un personaje de la historia”, resaltó.

Esta acción, hoy cotidiana en montajes contemporáneos, en su momento no lo era, y permitió al público apreciar simultáneamente al actor y al muñeco, lo que establecía una relación distinta entre ambos, porque el titiritero dejaba de esconderse para dialogar con la figura que manipulaba, y eso multiplicaba las posibilidades dramáticas en la escena.

Esa innovación implicó nuevos retos, pues mientras un actor posee una gran capacidad expresiva gracias a su rostro, el títere cuenta con una cara inmóvil, y las emociones deben transmitirse por medio de la posición de la cabeza, la orientación del cuerpo, el ritmo del movimiento y la entonación de la voz.

“Un ligero cambio de perfil modifica completamente el significado de una escena, por lo que animar un títere con verdadera calidad exige un nivel de concentración mayor que el de muchos trabajos actorales”, aseguró.

Detrás de cada personaje existe una compleja coordinación entre ambas manos, distintas voces, respiraciones y códigos corporales cuya función es convencer al espectador de que ese objeto (títere) realmente tiene vida.

Construcción de sus personajes

A diferencia de otros titiriteros que dejan la construcción de sus personajes en manos de artesanos especializados, Carlos Converso elabora personalmente cada uno de sus títeres porque considera

que en el proceso de esculpir, tallar y modelar comienza la interpretación.

El profesor conserva una visión casi artesanal del oficio y sostiene que quien manipula un muñeco también debe conocer cada centímetro de su creación.

La puesta en escena que sintetiza mejor su forma de entender el teatro de títeres es Titirijugando, espectáculo estrenado hace cuatro décadas —el día del nacimiento de su hijo— que todavía presenta. Esta obra dirigida al público infantil ha acumulado alrededor de mil 600 funciones, con muchos de los personajes originales.

“Algunos muñecos tienen más de cuarenta años de historia, y fueron elaborados con hule espuma tallada, otros con unicel revestido y distintos materiales que resisten el paso del tiempo, y gracias al constante cuidado aún provocan la misma fascinación entre los niños”, precisó.

Títeres a través del tiempo

Las funciones presentadas por Carlos Converso a lo largo de 50 años se han convertido en un puente entre generaciones: los niños que alguna vez ocuparon las primeras filas como espectadores vuelven como padres o profesionistas de distintas áreas, y muchos lo buscan para agradecerle haber sido parte de su infancia.

“Hace unas semanas desayunaba con mi esposa cuando un joven se acercó discretamente a la mesa, y sin mediar una sola palabra dejó un papel doblado; al leer el mensaje decía: ‘Señor titiritero, nunca lo olvidaremos. De pequeños nos divertimos con sus funciones y lo recordamos siempre con cariño’”, relató el profesor.

Al levantar la mirada encontró al muchacho observándolo desde una mesa contigua en compañía de su padre; ambos sonrieron, y no hizo falta decir nada más.

Ese pequeño papel representa uno de los reconocimientos más valiosos que ha recibido en toda su carrera, porque esos encuentros inesperados le recuerdan que el teatro permanece en la memoria de quienes alguna vez se dejaron sorprender por la imaginación.

Medalla Bellas Artes 2026

Para Carlos Converso, la Medalla Bellas Artes 2026 confirma que medio siglo dedicado al teatro de títeres tuvo un sentido social.

“Siento que todo ese trabajo a lo largo de cincuenta años ha valido la pena, y sirvió para algo”, expresó.

No obstante, el académico declaró que el reconocimiento también pertenece a cientos de titiriteros que durante décadas han trabajado con la misma entrega sin recibir homenajes similares, porque su labor engrandece el teatro de títeres.

“Además, la distinción reivindica una disciplina escénica que por mucho tiempo ha sido considerada exclusivamente entretenimiento infantil, percepción con la que he luchado toda mi vida”, expresó.

Títeres, herramienta teatral poderosa

Carlos Converso aseveró que los títeres son uno de los lenguajes más poderosos del teatro contemporáneo, porque tienen la capacidad de contar historias llenas de humor e inocencia, y de abordar temáticas complejas como el amor, la muerte, la soledad, la política y los grandes conflictos existenciales.

“La imaginación no encuentra límites cuando se trabaja con títeres”, afirmó.

El profesor reconoció que, en una época dominada por las pantallas, los teléfonos celulares y la inteligencia artificial, el teatro jamás podrá competir con los recursos tecnológicos, pero tampoco pretende hacerlo, ya que su fortaleza radica precisamente en aquello que ninguna máquina puede reemplazar: la presencia.

“Mientras un efecto digital depende de un programa informático, un títere cobra vida gracias a las manos del artista que lo manipula frente al espectador, y esa relación directa, irrepetible y profundamente humana aún provoca la misma capacidad de asombro que hace cincuenta años”, manifestó.

El académico aseguró que el teatro de títeres no pertenece al pasado ni constituye una pieza de museo, porque es un lenguaje vivo que se transforma y dialoga con las nuevas generaciones.

Durante medio siglo Carlos Converso eligió permanecer detrás del escenario para que otros personajes brillaran bajo la luz, pero el reconocimiento obtenido obliga al público a mirar por fin al hombre que, con madera, espuma, tela, imaginación, convicción y perseverancia, ha dejado momentos irrepetibles y entrañables en la infancia de miles de personas.

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