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La salud municipal: cuando la omisión también mata
José Luis Pérez Cruz
Crónicas del Poder

06 Ene 2026


Crónicas del Poder

José Luis Pérez Cruz

 



 

▪️Muerte frente a Clínica del DIF en Agua Dulce



▪️Sin oxígeno, sin traslado; una muerte evitable



 

La muerte de Francisco Jiménez, ocurrida el domingo pasado en la clínica del DIF de Agua Dulce, no es un hecho aislado ni un accidente desafortunado.



 

Es el síntoma visible de una enfermedad más profunda que carcome a buena parte del sistema de atención médica municipal en el sur de Veracruz: la precariedad convertida en costumbre y la omisión elevada a política pública.



 

Casi en tiempo real, las redes sociales expusieron lo que durante años se ha intentado normalizar: clínicas municipales sin equipo básico, sin insumos mínimos y sin capacidad real para responder a una emergencia.



 

Francisco Jiménez llegó con una insuficiencia respiratoria grave. Fue valorado por el médico en turno, quien confirmó la gravedad del caso y la necesidad urgente de oxígeno y traslado a un hospital de segundo nivel en Coatzacoalcos.



 

No hubo oxígeno. No hubo traslado. Hubo, finalmente, una muerte evitable.



 

Los familiares reconocen que hubo atención médica, pero señalan —con razón— que fue una atención atada de manos.



 

No se puede salvar a un paciente con buenas intenciones cuando no hay herramientas.



 

FAMILIARES VEN RESPONSABLE

 

La responsabilidad, acusan familiares de Francisco, recae en la administración municipal saliente encabezada por Noé Castillo Olvera, que dejó clínicas operando con lo mínimo, casi como puestos de primeros auxilios improvisados.



 

Lo ocurrido en Agua Dulce no es la excepción; es la regla en muchos municipios del sur de Veracruz. Clínicas del DIF que apenas cuentan con paracetamol, gasas y curitas.



 

Espacios que existen más para cumplir con el discurso institucional que para garantizar el derecho a la salud. Pensar en tanques de oxígeno, camillas adecuadas o ambulancias funcionales es, en muchos casos, una fantasía administrativa.



 

Mientras desde los informes de gobierno se presume cercanía con la gente, en la realidad los ciudadanos enfrentan emergencias médicas sin red de protección.



 

El impacto social de esta precariedad es devastador. Cada muerte evitable erosiona la confianza ciudadana, profundiza la percepción de abandono institucional y deja claro que, para muchos municipios, la salud sigue siendo un gasto y no una prioridad.



 

SALUD MUNICIPAL: EL ESLABÓN MÁS DÉBIL

 

Más grave aún: se normaliza la idea de que morir por falta de oxígeno o de un traslado es “una desgracia”, cuando en realidad es una falla estructural.



 

Los escenarios futuros no son alentadores si no hay un cambio de fondo. Si las nuevas administraciones municipales repiten la lógica de gastar en lo visible y recortar en lo esencial, los casos como el de Francisco Jiménez seguirán ocurriendo.



 

La salud no puede depender de la suerte, de la hora del día o de si hay gasolina para una ambulancia inexistente.



 

Equipar clínicas municipales no es un lujo ni un favor político; es una obligación legal y moral. Tener oxígeno, personal capacitado y transporte de emergencia debería ser el piso mínimo, no una promesa de campaña.



 

Cuando un paciente muere porque no hubo traslado ni oxígeno, no se trata solo de una tragedia familiar: es una señal inequívoca de que algo está profundamente mal en la forma de gobernar.



 

En Veracruz, la salud municipal sigue siendo el eslabón más débil de la cadena. Y mientras no se entienda que ahorrar en salud termina costando vidas, la omisión seguirá cobrando facturas irreparables.